No importa que vayas lento, solo no te detengas
- rutasmochileras22
- 4 feb 2022
- 3 Min. de lectura
Una de mis metas era correr el Medio Maratón del Puerto de Veracruz y lo hice en el 2020 (justo antes de que comenzara la pandemia). Salir a correr cuando todavía se ve la luna y al pasar los minutos ver el amanecer a la orilla de la playa y de fondo escuchar el sonido de las aves y las olas.

Sentir la arena, escuchar el mar y disfrutar de todo el entorno, fueron algunas de las cosas que hicieron que esta carrera se convirtiera en uno de mis recorridos favoritos. Fue una experiencia diferente, sumamente enriquecedor tanto para mi cuerpo como para mi mente, porque te desestresas al máximo. Y lo hice para saber qué se sentía y si podía lograrlo.
Dicen que correr un medio maratón es una lección de vida. Yo creo que más bien, el medio maratón es como la vida.
Los primeros kilómetros son como la infancia, la primaria, la prepa, inicias emocionada con una sonrisa, brincas, juegas, vas acelerado, rodeado de cientos de personas que no conoces, haces amigos y bromeas con todos. Unos rápido otros lento, sientes que nada te puede detener.
Del kilómetro 11 a 13 son como la juventud, universidad, ya no es una multitud la que viene a tu lado y entras a tu ritmo, y los que van a un lado que son muchos aún van más o menos igual. Te sientes fuerte pero vas más concentrada, aún sonríes, juegas y sigues disfrutando tu carrera.
Del kilómetro 13.5 al 16 el trabajo, todo se hace más pesado, te empiezas a administrar. En tu mente haces números, cuentas, checas el reloj más seguido, caes en cuenta que estás a más de la mitad de tu carrera y que lo más difícil está por venir. Aún con algo de fuerza sigues adelante, con un puñado de gente a tu alrededor, agradeces las porras con una sonrisa y algún ademán o grito esporádico, no quieres gastar energía demás.
Del kilómetro 16.5 al 19 tu cuerpo ya no responde cómo antes, estás solo por espacios muy largos, los dolores te atacan y sientes que ya no puedes, cualquier subida parece una montaña, ya no hay fuerza solo hay voluntad, las palabras de aliento las agradeces con una mueca más que con una sonrisa que parece dolor, animas al que puedes para animarte a ti mismo y a veces corres, a veces luchas contra ti mismo, contra tu mente que quiere abandonar y descansar, pero aún no termina la carrera.
Del kilómetro 19.5 al 21, sabes que ya llegaste aunque tu cuerpo está cansado y lleno de dolores, recobras energía, una sonrisa vuelve a tu rostro, hay muchas porras alrededor y saludas, ríes, gritas y ánimas, en la recta final vuelves a sentir la fuerza de los primeros kilómetros y llegas dando lo último que te queda.
Vas con tu familia corriendo a tu lado, con tus amigos echándote porras en la meta y con la satisfacción de haberlo logrado, de haber vencido y haber entregado todo lo que tenías.De eso se trata la vida, de entregarlo todo, de dar lo mejor de ti siempre. Cada una de las personas con las que compartiste tu camino te dejaron algo, marcaron tu carrera y tú marcaste la de ellos. Mi mayor deseo es llegar a esa recta rodeado con mi familia, de mis amigos, con la persona que me acompañará siempre, con una sonrisa, sabiendo que no me guarde nada y que lo hice lo mejor que pude.











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