Que tu punto fuerte sea siempre la perseverancia
- rutasmochileras22
- 25 abr 2022
- 3 Min. de lectura
“Mis piernas lo saben, llega el día y la fuerza invade todo, tantas horas entrenadas, tantos días dedicados, se acerca la hora y estoy lista para salir a correr mi mejor carrera. Les digo que la magia está en todas partes y en la meta podrás ver qué todo valió la pena, pero recuerda mirar el camino.
Mirar a la gente que va despacio como si la vida fuera eso, correr en el silencio del tiempo y disfrutar los pasos; mirar a los que van rápido porque de ellos aprendes a alzar el vuelo; mirar a los que van solos, sin miedo a la soledad o al extravío; mirar a los que se acompañan porque ellos saben lo que es correr en equipo, ellos no dejan a ninguno atrás; mirar a los que se esfuerzan hasta el final por qué de ellos aprendes a ser humilde; mirar con los ojos bien abiertos porque la dicha está en el camino y no en la meta.
Cómo olvidar el día que inicio mi reto para superar mi tiempo, cómo olvidar aquellos 5 km o mis primeros 10 y ni qué decir de mi primer medio maratón. Cómo olvidar la alegría de recibir ese primer abrazo, cómo olvidar el triunfo al sentir el peso en mi cuello de la medalla anhelada. Ahí está el secreto, perseverar para poder llegar.” Comenzaba con pasos firmes una ruta que tenía ganas de correr desde 2020 #TrailRunTepeapulco. No sé en qué km sucedió, pero me perdí entre el famoso Cerro del Xihuingo y la Hacienda de Santa Ana.
No sé cuánto había pasado. Acompañada de más corredores y de pronto sucedió, sentí un fuerte dolor en mi rodilla -¡Hola Dios, soy yo de nuevo!- Fui bajando el ritmo al correr y olvidé seguir las marcas amarillas en los árboles, piedras y nopales. Seguí avanzando para no sé dónde. No era posible. Apenas un segundo antes los corredores se encontraban a escasos cincuenta metros. -¡Estaba pérdida, pérdida!-

Tenía una mezcla de miedo y dolor porque estaba ahí, en medio de la nada, sin ningún otro ruido, solo el del viento pasar entre los árboles. Mi respiración estaba muy agitada y el miedo se había transformado en pánico porque no sabía a donde dirigirme. Miles de historias pasaban por mi mente mientras comenzaba a andar más rápido para salir de ahí.
No era la primera vez que sentía pánico, de hecho el miedo ha sido compañero en otras situaciones. Pero ese era uno diferente, el miedo recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica.
Dos km de subida, demasiado silencio de la naturaleza y nada, solo me acercaba al final del camino lleno de maleza. Y lo que uno sube lo tiene que bajar, lo hacía buscando alguna marca para regresar al camino del bien.
Mi mente estaba difusa, cansada, seguramente debido a lo pérdida que estaba, intentaba recordar en qué km había sido donde me había perdido, quería correr, pero el dolor era demasiado. -“No creo que pueda más"- pensaba, pero tenía que hacerlo porque no había forma de que alguien en ese momento estuviera conmigo. Mis piernas fallaban y mi corazón golpeaba con fuerza en el pecho.
Fue ahí, a unos metros de mí escuché ruidos, seguido de una voz que se acercaba, pero no acertaba a entender lo que decía. Y entonces, encontré a un corredor como yo. Él fue mi salvación en los últimos km.
Después de un tiempo por fin llegamos a la ruta conocida por todos. Tarde o temprano debía enfrentarme a correr de nuevo. Y lo logré, con dolor y cansancio terminé mis primeros 17km en montaña corriendo y los últimos metros en compañía de mi Canela.




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