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Siempre parece imposible… hasta que se hace.

  • rutasmochileras22
  • 13 ene 2022
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 25 ene 2022

Desperté y el reloj marcaba 6:33 a.m. de un día que pudo ser “cualquiera”, pero no. Me alisté para salir y comenzar una nueva aventura.


Me dirigí al corredor de la montaña ubicado en el Estado de Hidalgo, bien pude poner música en el auto para hacer más ameno el viaje, pero preferí disfrutar del camino. Comencé a sentir el cambio de temperatura, pues era una mañana fría, la neblina comenzaba a descender y como si fuera cámara lenta veía caer pequeñas gotitas en el parabrisas. Tomé la desviación a Mineral del Chico y a un kilómetro se encontraba una pequeña entrada a Paraíso Escondido. Ahí fue donde me encontré con unos amigos.

El camino estaba rodeado de grandes y frondosos árboles verdes, algunos tirados por la tala prohibida o simplemente por el aire que en ocasiones se llega a sentir, el olor a tierra mojada y a hierba era muy fuerte. Todo el camino se encontraba lodoso, -por suerte los autos no se quedaron atascados-, avanzamos por unos 10 minutos aproximadamente hasta llegar a un pequeño llano donde pudimos estacionarlos. Al bajar, comencé a checar que tuviera lo necesario para comenzar la caminata, cerciorada de lo anterior, emprendí la aventura.

Caminé por el resto del llano hasta llegar a un sendero rodeado de pequeños árboles, raíces, lodo; aparte del sonido de los pájaros cantando y los insectos, escuchaba un río en alguna parte cercana. Pasé por enormes piedras y troncos.


Cuando el reloj ya marcaba las 8:00 de la mañana ¡llegué al mirador! El lugar era absolutamente hermoso, el paisaje tan inspirador, árboles enormes y verdes y, el pasto adecuado como para pasar la tarde acostados mirando el cielo.

A esa hora el sol se sentía muy fuerte, decidí tomar unas cuantas fotos y seguí mi camino, hasta ese punto todo había sido subida – pensaba que ese tramo había sido lo más difícil, pero... aún me faltaba mucho-.

Después de descansar por unos minutos, comencé a descender por la parte izquierda de la montaña – una bajada bastante pronunciada-, por el esfuerzo que había realizado para subir, las piernas comenzaban a temblarme, en ese momento me apoyé de los bastones para comenzar a bajar de manera más segura.


No pasó mucho tiempo para llegar a la primera cascada. Quedé impresionada al conocerla, no tenía idea que algo tan increíblemente hermoso podía estar entre las montañas, ahí supe por qué se llamaba “Paraíso escondido”.


Caminé hasta llegar al pie de la cascada y me preparé para ingresar a ella. Mi pie derecho fue el primero en entrar, pero podía sentir en todo mi cuerpo que el agua estaba helada; hasta ahí todo bien, pues aún soportaba la baja temperatura.


Fui avanzando y escalando poco a poco hasta llegar a una de las piedras más grandes que ahí se encontraban, en ese punto fue más difícil pasar, pues la corriente me arrastraba, fue ahí cuando puse toda la fuerza en mis piernas y brazos para subir y poder entrar a la cascada: - ¡lo logré! -.


Al estar dentro, el agua me llegaba a las rodillas. Entre más avanzaba, mi cuerpo poco a poco se cubría por ella. Por unos minutos me quedé ahí, disfrutando del paisaje, escuchando el viento pasar entre los pequeños árboles que se encontraban y sentir la fuerza del agua cayendo sobre mí.


“Paraíso escondido” me hizo darme cuenta de dos cosas; la primera, que todo el esfuerzo que hagas, siempre, al final, tendrá su recompensa y, la segunda, que no importa cuántas veces caigas, siempre hay que levantarse y seguir adelante.




2 comentarios


diana.santandera
25 ene 2022

Hermoso

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Yoana Monter
Yoana Monter
15 ene 2022

Oye gracias por quiero que sea nuestro siguiente destino 🤟🏼🍃

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