A veces solo necesitas escuchar el silencio de la montaña
- rutasmochileras22
- 10 feb 2022
- 3 Min. de lectura
Hace tiempo tuve la oportunidad de visitar el Nevado de Toluca, también llamado Xinantécatl (“hombre desnudo” en lengua náhuatl), un volcán inactivo localizado en el Estado de México.

Emprendí mi camino a las 4:00a.m. Mi objetivo principal era recorrer los senderos rodeados de bosques de pinos, encinos y pastizales que me llevarían a conocer uno de los atractivos principales es su cráter: la Laguna del Sol y la Laguna de la Luna, a más de 4,600 msnm.
La temperatura de ahí oscila entre los -2 y los 12 grados centígrados. En ese viaje no use la “ropa recomendada”, pero lo que llevaba fue suficiente para no pasar frío. Como en otras ocasiones mi mochila de hidratación con agua, botana y fruta no podía faltar, pues es una buena herramienta para guardar todo. Aire fresco, paisajes espectaculares y nuevas experiencias era lo que me esperaba.
El primer encuentro que tuve fueron las imponentes montañas que rodean al Nevado, lo que percibí era la naturaleza en su máximo esplendor. A primera vista no se veía como la imaginaba “cubierto de nieve”, pero no por eso se fue la magia y la grandeza del lugar. Ahí logré observar las dos hermosas lagunas en el interior del cráter, rodeado de imponentes formaciones rocosas que te hacen sentir pequeño ante tan maravilloso espectáculo.

Al comenzar el recorrido por sus senderos uno tiene que mantener su ritmo para poder aclimatarse, pues debido a la altitud es muy fácil quedarse sin aliento y te puede dar el mal de montaña.
Después de este increíble recibimiento, descendimos al cráter por la zona más accesible del volcán para llegar a la primera laguna. Amigos y desconocidos me acompañaron en este camino. El polvo se levantaba a cada paso que dábamos y de esta manera nos acercamos más a la Laguna de la Luna, donde el sol calentaba nuestras mejillas mientras el viento frío las volvía a helar. El lugar perfecto para meditar, observar y notar que somos tan pequeños ante la naturaleza.
Ahí el tiempo se detuvo, mientras me encontraba sentada a las orillas de la laguna, agradecí a la montaña, al volcán, por permitirme conocerlo sin ningún contratiempo. En la superficie se podía observar cómo estaba cubierta de hielo y eso hacía que tuviera un efecto luminoso. También aproveche para comer y agarrar energía para ir hacia la segunda laguna.

Subimos y bajamos pequeñas pendientes hasta llegar a la Laguna del Sol. Y ahí estaba, en las puntas del cráter, la nieve. Un blanco casi perfecto mezclado con el café de las piedras. A cada paso que daba, trataba de registrar cada uno de los detalles del lugar; caminos de terracería, pequeños animales, el agua helada de las lagunas, las orillas cubiertas por hielo y algunas rocas enormes. No daba crédito a lo que veían mis ojos, sólo pensaba que todos deberían conocer este lugar.
Era el momento de seguir el camino pues aún faltaba la subida y entre piedras, hierbas y cansancio, llegamos nuevamente al inicio de la aventura. Al estar en el auto, bajamos al Parque de los Venados y ahí nos dimos el tiempo para compartir todo lo vivido y comer.
Poco a poco los rayos del sol se marcharon y partimos de regreso a la ciudad. Cansados, pero con una nueva aventura por guardar en nuestros recuerdos. El Nevado de Toluca se convirtió en uno de mis lugares naturales favoritos y sin duda, regresaría.
Hay ciertos viajes que se disfrutan más, especialmente si vas con amigas. ¡Gracias por no ser parte de toda mi vida, sino de los mejores momentos de ella!



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